La importancia del desconocimiento y la credibilidad en el periodismo

Estamos en la era de la información.

Vivimos una época en la que los avances tecnológicos están al alcance de casi todos y eso es una de las armas más poderosas que existen hoy en día; La información.

Aplicada a cualquier ámbito de la vida (profesional, emocional, ocio, etc) el tener información tiene un valor ilimitado y en el caso del deporte no es una excepción.

Todos hemos visto infinidad de partidos televisados y/o retransmitidos por radio, dejando en manos del locutor la credibilidad de lo que esté sucediendo. Hasta aquí todo normal, hasta que uno se da cuenta que la persona en quien siempre había confiado dado que es un profesional de la radio o televisión, y a quien lleva años escuchando como retransmite partidos y eventos del deporte amado, resulta que no tiene ni la más remota idea de lo que está hablando. Tal cual.

Yo no soy periodista y jamás me atrevería a decirle a uno como debe hacer su trabajo, por lo mismo que no osaría a decirle a un cirujano como debe hacer una operación o a un piloto como debe aterrizar un avión (aunque si me dejaran pilotar uno estaría bien…) el caso es que nos encontramos en la situación de que los principales locutores de los canales de televisión no saben de reglamento. Posiblemente sepan algo de baloncesto (no soy entrenador ni tengo formación en ello, por lo que no lo debatiré) pero sí se de reglamento y de arbitraje y os puedo asegurar que los periodistas que salen por tv y sus comentaristas no tienen ni la más remota idea de lo que es el reglamento de baloncesto, sus interpretaciones y por supuesto si alguna vez han escuchado hablar de la mecánica de arbitraje habrá sido de pasada y no le habrán prestado atención. Sólo hay dos casos que se merecen todo mi respeto y a los que no voy a incluir en este nutrido grupo de intelectuales del baloncesto, los Sres. Arsenio Cañada y Nacho Solozábal.

Arsenio es al único profesional de los medios deportivos al que no le he quitado el volumen de la televisión en sus partidos. Cierto es que ha sido árbitro durante muchos años y eso le ha dado una experiencia, un conocimiento y una visión global del juego que enriquecía enormemente las retransmisiones, pero aparte de él, no soy capaz de ver un partido con el volumen puesto. Es imposible. Arsenio sabe de lo que habla, y cuando duda no se mete en un berenjenal sólo para contentar a ciertas audiencias. Él es periodismo puro, informa de lo que está sucediendo con conocimiento y criterio y luego que cada uno saque sus propias conclusiones pero él no falta a la verdad.

Respecto a Solozábal opino que con él las retransmisiones de baloncesto ganaron mucho porque ha demostrado muchas veces que sí es conocedor del reglamento. En algunas ocasiones se ha equivocado bien por no estar al día de los cambios de reglas o por desconocer la mecánica de arbitraje, pero es un error menor. Al contrario, le agradezco que haya aportado algo que otros no han sido capaces. En cualquier caso no le vamos a exigir a él la responsabilidad que le tocaría al locutor…

Ver un partido escuchando a un periodista que está encantadísimo de haberse conocido, a quien durante años la gente ha encumbrado y que según su forma de hablar desprende un halo de soberbia y prepotencia se convierte en un auténtico suplicio cuando tiene el valor de juzgar situaciones de juego evidentes a los ojos de un árbitro y que él critica bajo sus ojos de forofo bufandero y pseudo experto. No, usted no es un experto, usted desconoce una parte importantísima de este deporte como es la reglamentación y está dando opiniones y emitiendo juicios habitualmente erróneos aun sabiendo que usted seguramente no sepa decir ni de qué color es la portada del reglamento o cuantos tipos de reglamentos diferentes hay.

Usted señor periodista tiene una responsabilidad enorme.

A usted le ven miles y miles de personas que en su desconocimiento creen que usted, al ser un profesional, sabe de lo que está hablando (faltaría más, ¿no?) y luego estas personas van cada fin de semana a jugar sus partidos de baloncesto o a ver a sus hijos jugar y si ven alguna situación parecida a la que se diera en su retransmisión, le aseguro que lo primero que hacen es gritar al árbitro, increparle, insultarle y recriminarle una acción porque “el otro día X dijo por la tele que esta jugada son pasos/antideportiva/falta en ataque…” y este árbitro se ha equivocado, no tiene ni idea. Nada nuevo bajo el sol…

Evidentemente usted no tiene ninguna responsabilidad en la falta de educación, de humanidad y de criterio de la gente, pero sí cuando hay tantos miles o millones de personas que le siguen, le escuchan y creen en lo que dice, hasta el punto de discutirle a un árbitro que SI sabe el reglamento, porque X dijo lo contrario por tv y claro, quién va a saber más, el arbitrucho (que es el único de todos los que hay en la pista que hace exámenes periódicos de reglamento) o el que sale por la tele… Esto me recuerda a Homer Simpson cuando dice eso de “Bart, haz siempre caso a lo que dice la tele”.

Sin embargo, desde hace años en los programas de fútbol tanto de tv como de radio incorporan a ex árbitros experimentados que intervienen cuando hay jugadas polémicas para aclarar cualquier situación. Luego cada uno estará de acuerdo o no, pero yo como oyente de ciertos programas de radio agradezco que haya por lo menos una persona que diga lo que dicta el reglamento y si el árbitro ha acertado o no. ¿Por qué no se hace esto en el baloncesto?

No quiero mencionar a los comentaristas (normalmente entrenadores y ex jugadores) porque a ellos no les corresponde juzgar ciertas acciones aunque no les iría mal tener ciertos conocimientos básicos, pero sí me dirijo al periodista de oficio, el que ha estudiado su correspondiente carrera y sabe de la importancia de la credibilidad. Si de verdad ama el baloncesto, hágase un favor a usted mismo y a toda su audiencia y aprenda algo de reglamento, le aseguro que enriquecerá sus retransmisiones no sólo al entender las decisiones de los árbitros, sino que aportará un plus de credibilidad y le dará a su audiencia un conocimiento de manera indirecta que, de otra manera, nunca llegarían a tener.

Nunca es tarde mientras haya voluntad.

Un saludo a todos y ¡que viva el baloncesto!

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