CUANDO FUIMOS LOS MEJORES…

Tomando prestado el título de una de las mejores canciones de Loquillo, exjugador de baloncesto, vamos a hablar de uno de los equipos históricos del baloncesto español que en los últimos años no está pasando por su mejor momento. Hablamos del Joventut de Badalona, la Penya (ya que por muchos patrocinadores que tenga, para los seguidores del basket siempre se llamará así).

Corría el 21 de abril del año 1994 cuando un triple de Corny Thompson en Tel Aviv dio la antigua Copa de Europa al equipo verdinegro, momento más importante de la historia del club y que lo convertía en el segundo equipo español en proclamarse campeón continental, junto al Real Madrid. Desde aquel día hasta hoy, el Joventut ha ido en caída libre arrastrando una crisis tanto económica como deportiva, llegando a esta temporada en la que, a día de escribir este artículo, no ha conseguido estrenar su casillero de victorias en la ACB, siendo el único equipo que posee ese dudoso orgullo.

Pero, ¿qué ha llevado a este club de liderar el continente a ser colista de la competición nacional? Siguiendo con la canción de Loquillo, hay que hacer mención a una frase de la misma: “Cuando fuimos los mejores, el dinero se gastaba…”. El club comenzó a firmar contratos con firmas inasumibles para sus arcas que acabarían por desencadenar una crisis económica, hecho que repercutió de manera muy importante sobre el parqué del Olimpic de Badalona. Actualmente, estas crisis siguen sin tener visos de mejora.

Es cierto que durante estos años el club ha engordado su palmarés con dos Copas del Rey, una Eurocup Fiba y una Copa ULEB, y que en algunos casos, como en la temporada 2007-2008 la plantilla era más ilusionante gracias a la aparición de la dupla Ricky Rubio y Rudy Fernández, pero solo fueron pequeños espejismos en esta travesía por el desierto, que ya acumula seis temporadas sin aparecer por los play-offs

La política del club: cantera más experiencia, hace que buena parte de la esperanza esté puesta en los jóvenes, pero a corto plazo no hay ninguna perla que pueda liderar el proyecto. A esto hay que sumarle que la precaria situación del club hace prácticamente imposible retener a los jóvenes a los que explotan más de una temporada o dos, como ha ocurrido con los casos de Suárez, fichado por el Real Madrid, o Vives y Abalde, por el Valencia Basket. Algo similar ocurre con los extranjeros que acceden a vestir la elástica verdinegra, si destacan suelen durar un par de años como integrantes de la plantilla antes de recibir ofertas superiores tanto en el ámbito económico como en el deportivo.

En definitiva, el futuro del club pinta más hacia el negro que hacia el verde de la ilusión, haciendo que la sombra de un descenso deportivo (el administrativo ya sería otro cantar) planee cada vez con más fuerza sobre el club badalonés

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