Arbi, pita algo

La semana pasada estaba viendo un partido de Tercera Autonómica Masculina cuando sucedió algo que me llamó la atención, no por inesperado, sino por absurdo.

El partido estaba siendo bien dirigido por los árbitros, ambos de la categoría del encuentro, hasta que llegó un momento en el que dos pivots empezaron a intimar entre ellos, pasando del juego habitual a soltar algún codo que otro fuera de lugar, una rodilla que se va contra una pierna, etc… lo que viene siendo ese juego sucio y subterráneo que todos los que hemos practicado este deporte conocemos. Vuelvo a insistir que el partido iba bien y estaba siendo tranquilo hasta que estos dos señores empezaron calentarse, sólo entre ellos dos.

En un momento dado, el defensor le da un codazo en la cabeza al otro mientras intentaba un tiro desde debajo del aro. Uno de los árbitros pita falta y el jugador que había dado el codazo se gira al árbitro y le dice en voz alta “o pitáis o nos vamos a hacer daño”.

Aquí, el que escribe estas líneas estuvo a punto de levantarse y desde la grada gritarle cuatro burradas a dicho jugador, cuan hooligan turco bengala en mano en pleno derby. Admito que esta situación que para muchos será habitual e incluso la tendrán normalizada (el comentario del jugador, no lo del hooligan. O tal vez las dos, no sé…) a mí me tocó el botoncito ese que tenemos que nos pone a 200 y nos hace hervir la sangre hasta límites inconcebibles.

El árbitro está para pitar, hasta ahí no hay discusión, pero ¿qué está pasando en este deporte en el que se juzga al árbitro por no pitar una acción y no se juzga al jugador que comete la agresión?

Que los árbitros somos malos y tenemos la culpa de todo es algo que ya sabemos desde que hacemos el cursillo y es algo que ya hemos hablado anteriormente, nada nuevo. Por eso mismo, si uno juega en cierta categoría, la que sea, en la que los árbitros designados son de la misma (por lo que tienen el mismo nivel) y el árbitro no está acertado o sencillamente tiene un mal día y no es capaz de frenar esa situación, ¿es necesario que los jugadores continúen zurrándose hasta hacerse daño? Por supuesto, damos entrada a los grandes invitados a la fiesta: los padres. No hay jaleo en un partido sin un padre exaltado o los cuatro amiguetes que saben más que cualquier catedrático, dignos de cualquier Premio Nobel, el que sea.

Estos, lejos de criticar las acciones antideportivas, dirigen su ira contra el de gris por su “incompetencia”  pero no lo hacen por el juego sucio ni la falta de deportividad de los jugadores. A mí esto desde el punto de vista psicológico me parece interesantísimo.

Yo mismo he vivido situaciones en las que un jugador es agredido brutalmente y éste levantarse como una bestia enfurecida pero al ver que había sancionado, calmarse al momento. Mientras tanto, la grada arrancarse a gritar con una locura y energía asombrosa pero en el momento de oir el silbato, callarse todos a la vez. En otras ocasiones, un jugador creer que había sido agredido (cuando le había dado su propio compañero, por ejemplo) y al no haber sancionado, el propio jugador volverse loco contra mí, con la comparsa del público, padres y amiguetes varios. A mí esto siempre me ha hecho pensar y como en Tiempo Muerto nos gusta interactuar con nuestros seguidores, os dejo una reflexión por si os puede servir de algo o, por lo menos, hacer que la próxima vez que os veáis en esta situación, la viváis desde otro punto de vista:

¿Por qué ante una agresión la primera reacción es girarse hacia el árbitro y no hacia el agresor?

¿Por qué cuando el árbitro ha sancionado se calman todos los ánimos y el jugador agredido deja de hacer gestos de dolor? Qué pasa ¿ha dejado de dolerle al momento? Deberíamos estudiar el poder sanador del sonido del silbato, ni la medicina tradicional china… Por supuesto no hablo del flopping ni de la similitud con el fútbol, esos jugadores que por nada se retuercen como si les hubiese disparado un francotirador desde las gradas… Hablo específicamente de un jugador que ha recibido un golpe real, un jugador que ha sufrido un daño.

Si a mí un contrario me golpea o hace una acción fuera de lo que se entiende como parte del juego, independientemente de si se sanciona o no, mi enfado irá dirigido hacia quien me ha agredido. El árbitro puede sancionar o no, pero si me pegan no va a dejar de dolerme por mucho que suene un silbato y viendo como actúan muchos jugadores y jugadoras me hace pensar acerca de nuestros valores y principios, ya no sólo deportivos sino morales.

Cada vez estamos más cerca de convertir el baloncesto en fútbol, y opino que no debería ser así. Ya que “no se puede” controlar a los descerebrados, maleducados e ignorantes que gritan desde las gradas, intentemos que desde la pista se genere un cambio de actitud. Si no empezamos desde dentro, esto cada vez va a ir a peor.

El baloncesto empieza en las categorías de formación, no en la ACB. El espejo donde los pequeños deben mirarse es en sus padres y formadores, no en lo que ven por tv. Enseñémosles los valores que queremos, empezando por el respeto y por el sentido común. No nos dejemos llevar por la euforia, pensemos un poco más, solo un poco más, que para algo se supone que somos seres evolucionados.

Un abrazo muy grande para todos,

Que disfrutéis de vuestros partidos y de un gran fin de semana.

¡Larga vida al baloncesto!

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2 comentarios en “Arbi, pita algo

  1. A veces se hace eso de echar a los jugadores al publico y q sea este el q gane el partido, no necesariamente un jugador como es el caso q describes, scariollo cuando era entrenador de unicaja llego a darle una patada a una silla a drede sabiendo q lo expulsarían pero como dijo, buscaba la reacción del publico y q fuera èste quien ganara el partido… Y así fue

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  2. Lo de girarse al agresor en lugar de al arbitro no me parece adecuado tampoco.
    Si yo recibo un codazo, que el arbitro no ve, y me giro, va a ser para insultarlo o empezar la tangana, que me costará una expulsión, una sanción de partidos y si, una multa económica, mientras que por lo menos en mi comunidad, a los árbitros no les pasa.
    Lo digo siendo jugador, arbitro y ahora entrenador, pero me gusta simplemente aceptar las cosas. Dejé de pitar, porque se me daba mal, así como de jugar, que también se me daba mal., y cada uno debe conocer para lo que vale

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