La mala gestión de las emociones en etapas de formación

El baloncesto como deporte de equipo trae consigo una serie de factores que determinan el correcto funcionamiento de los jugadores como parte de un todo y a su vez como piezas separadas para lograr el éxito individual y colectivo del mismo. Y entre esos factores se encuentra la correcta gestión de los sentimientos y las emociones de los jugadores a lo largo de su etapa de formación. ¿Cuántos jugadores o jugadoras que prometían destacar en categorías cadete o junior se quedaron estancados? ¿Cuántos niños y niñas eligen otros deportes o actividades extra escolares una vez probado el basket? ¿Por qué un jugador falla una entrada x0 cuando en los entrenamientos acierta casi el total de los intentos?

No es nada nuevo pero es verdad que cada vez hay más casos de “fracaso” en jugadores de baloncesto en etapas de formación tempranas debido a problemas que no se pueden remediar con preparación física, fisioterapia ni entrenamientos de técnica/táctica individual y/o colectiva, sino que son problemas que aparecen en el interior del jugador, en la mente del mismo, ya sea en el transcurso de un único partido o entrenamiento, como a lo largo de una temporada, lo cual si no es debidamente tratado y resuelto por parte del cuerpo técnico del equipo o por el club puede provocar un abandono prematuro de la práctica deportiva del jugador o jugadora, algo que preocupa, y mucho, en el baloncesto actual.

Me parece que los entrenadores que nos hemos formado (y seguimos en ello) para ser capaces de entrenar y dirigir a un equipo de base, de niños y niñas que están empezando o que están madurando en este deporte tan bonito como es el baloncesto, tenemos una escasez de conocimientos acerca de aquellos problemas psicológicos que presentan los jugadores que, en ocasiones, no somos capaces de resolverlos a tiempo ni de encontrar la solución adecuada para cada caso y en cada momento, lo que crea un sentimiento de impotencia en ambas partes que es difícil de llevar, y que provoca inseguridad y falta de satisfacción en lo que hacemos y tanto nos gusta. Creo que es un ámbito al cual no se le da la importancia que requiere desde los cursos de entrenadores, ni en los clínics o charlas que imparten otros entrenadores o gente cualificada, y que debería ocupar un porcentaje mucho más alto en el material docente para un entrenador.

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Y no es por quitarle culpa al entrenador, puesto que lo que está directamente en nuestra mano también influye, y no poco, es decir, todos los valores que intentamos inculcar en el jugador o jugadora tiene que ser reflejo de lo que hacemos y decimos durante los entrenamientos, los partidos, las charlas etc. y también es verdad que los hay que no acompañan en este camino, sino todo lo contrario, los hay que crean y/o desarrollan estos problemas a los jugadores desde sus propios actos o palabras, ya que, como dice  Marisa Gutiérrez, psicóloga clínica, en el artículo Psicología en el baloncesto: cómo apoyar al jugador/a en las etapas de formación, “la victoria como fuente única de satisfacción puede producir sensaciones de frustración, decepción, desconsuelo y fracaso. En muchos casos, estos sentimientos negativos se aplican también a otros ámbitos de la personalidad, es decir, hacen que la persona se sienta fracasada en su totalidad, repercutiendo no sólo en el campo de juego sino en todos los aspectos de su vida diaria, dejando, por ende, secuelas psíquicas: problemas de autoestima, falta de seguridad en sí mismo, problemas de rendimiento escolar por falta de concentración, falta de desarrollo de la propia responsabilidad…

No puedo hablar de datos, puesto que desconozco el porcentaje, pero mi experiencia, por corta que sea, ya me dice que una de las causas de abandono del baloncesto en edades tempranas es esta, el tener un problema que nadie es capaz de resolver y/o de detectar a tiempo, y que a veces ni siquiera el propio jugador es consciente de que existe y por lo tanto es aún más difícil aplicar alguna medida. No digo que sea la única causa de abandono, ya que existen otras muchas más, pero sí que es notable y, sobre todo, que podría solucionarse si los entrenadores o responsables de los equipos estuviéramos más capacitados y formados en este aspecto.

Hablo de etapas de formación porque es lo que me incumbe, pero esto también ocurre en el deporte profesional, y como ejemplo más reciente por su notoriedad fue el de Alex Abrines, el cual dejó de jugar en la NBA al haberle “cogido miedo al balón” como él mismo dice en las entrevistas que le han hecho. Quizá cuando le ocurre a un jugador de la talla de Abrines es un indicador de que el problema hay que tratarlo mucho antes, o que haya más soluciones inmediatas.

Más que una crítica al sistema actual, este artículo de opinión lo que pretende es llamar a la reflexión, hacer pensar si estamos haciendo las cosas bien o, por el contrario, aún nos queda mucho por aprender para llegar más lejos en lo que a formación se trata. Quizá nuestra labor directa como entrenadores no incluye estas labores “psicológicas” pero a lo mejor lo que falta es tener más disponibilidad de tener profesionales que se encarguen de todos estos problemas que nosotros no tenemos capacidad para resolver.

Fotos: Basket Cup Gandía 2019 – Fundación Lucentum junior femenino 

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